Sobre volver a empezar
Volver a empezar rápido, volver a empezar con miedo, volver a empezar una y otra vez.
Alrededor de las 16:00h, el CEO de la agencia me llamó a su despacho.
Sabiendo exactamente lo que iba a pasar, crucé la puerta con la resignación de un cerdo que va al matadero.
Me indicó que me sentara.
Yo obedecí.
—Luis, esto no funciona, lo siento —anunció.
Dime algo que no sepa, pensé yo.
Llevaba meses esperando ese momento. De hecho, lo que me extrañaba era que no hubiera llegado mucho antes. Hacía tiempo que mi única labor en esa oficina era calentar la silla. Y nadie en su sano juicio paga 1.150€ al mes a una persona por calentar una silla.
Tampoco era mi culpa, debo decir. Él era quien había decidido contratar a un chaval de 25 años sin ninguna experiencia para levantar un Departamento de Marketing sin ninguna ayuda.
¿Qué narices esperaba?
Yo había hecho lo que podía. Había intentado tener ideas, llevar todo lo que iba aprendiendo en mi tiempo libre a la práctica. Simplemente aquella empresa no tenía nada que ofrecerme a mí. Y estaba claro que yo a ella tampoco.
Llegué a casa, tiré la mochila en el sofá y se lo solté a Isabel:
—Me han despedido.
—¡¿Qué!?
Abrí una botella de vino y la bebimos mientras veíamos una película.
¿Qué era eso que sentía? Efectivamente, era alivio.
Al día siguiente me desperté a las 5h sin necesidad de ponerme el despertador. Tenía un ligero dolor de cabeza por culpa del vino. Me levanté sin hacer ruido para no despertar a Isabel y me fui a la habitación contigua, donde me había montado un pequeño despacho/estudio de grabación.
Sin saber muy bien por qué, abrí LinkedIn. Escribí unas líneas llenas de inocencia y me quedé observando durante unos segundos las palabras que habían aparecido en la pantalla.
Sin pensar, sin planear y sin ninguna expectativa, le di a publicar.
Tocaba volver a empezar.
Si te mola lo que estás leyendo, aquí voy a compartir cada semana reflexiones e ideas para montárselo bien en Internet.
Esta vez la suerte no ha estado de parte del Real Madrid. Finalmente, el Bayern de Munich jugará las semifinales de Champions contra el Arsenal.
Tras el pitido final, apago la televisión y me dispongo a irme a la cama.
Pero antes, saco el teléfono para echar un ojo a LinkedIn.
En las últimas semanas estoy teniendo unos resultados increíbles. Mis publicaciones están teniendo muchísimo alcance y estoy captando leads a espuertas gracias a los lead magnets sobre Claude que estoy lanzando. En 15 días he crecido más de 1.500 seguidores y mi audiencia ya supera los 48.500 personas. Además, he dado con un nuevo enfoque que me gusta y estoy en una dinámica muy buena.
Sin embargo, al abrir la aplicación de LinkedIn, mi sesión se ha cerrado.
Qué raro, me digo al verlo, esto nunca pasa.
Bueno… casi nunca.
Un mal presentimiento me invade: hace unos años me restringieron temporalmente la cuenta y sucedió lo mismo. Preocupado, cojo el portátil, abro la web de LinkedIn y… aquí también: sesión cerrada.
A toda prisa, meto las credenciales que tengo guardadas en Bitwarden. El navegador empieza a cargar:
Page not found.
Ha sucedido.
Tal y como estaba esperando (en otra ocasión te explicaré por qué), LinkedIn ha decidido cerrar mi cuenta y acabar con mi mayor activo profesional.
En ese momento recuerdo aquella máxima que yo mismo he repetido infinitas veces: “Nunca dejes que tu negocio dependa de una plataforma externa”. Menos mal que tengo la newsletter, pienso. Hay 6.000 personas a las que puedo impactar cuando quiera, sin algoritmos de por medio.
“Pero… ¿qué pasa con los otros 42.000?”
Entonces, para mi propia sorpresa, me doy cuenta de que estoy tranquilo.
Me jode, obviamente. Pero, por alguna razón, mi cabeza ya no está en LinkedIn. Está volando más allá, barajando y descartando todas las opciones disponibles en cuestión de segundos.
¿Qué voy a hacer ahora? No tengo ni idea, no sé qué va a pasar.
Lo único que sé es que me acabo de abrir una cuenta en Substack. Y que tenía claro que este sería mi primer artículo.
Toca volver a empezar.
Volver a empezar
No me considero un tipo de demasiados talentos.
Pero si hay algo que con los años he descubierto sobre mi carácter y de lo que me enorgullezco especialmente es que siempre vuelvo a empezar.
Lo hago cuando no hay garantías de nada.
Lo hago aunque no apetezca.
Pero lo hago.
Y sé que el emprendimiento es mi camino porque siempre estoy dispuesto a volver a empezar. Simplemente no concibo dejar de hacerlo. Volveré a empezar desde cero, desde abajo. Una y otra vez.
Igual que estoy haciendo hoy.
¿Se te ha venido abajo todo tu mundo?
Estás de suerte, puedes volver a empezar.



Que bonito post. Muchas gracias. Yo vivo en Berlín desde hace 8 años. Vine para trabajar en AWS. Y en las próximas semanas/meses volveré a España y volveré a empezar.
Hacerlo de forma planeada (2 años desde que decidí volver) ha sido sin embargo muy desgastante. Estoy muy cansada. No he tenido ese momento de alivio que comentas en el post durante 2 años.
Volver a empezar. Estas palabras resumen mucho de lo que muchos hemos vivido construyendo un sueño. Yo también lo he tenido que hacer en más de una ocasión. Y lo que más me ha costado siempre, no es el reinicio en sí,, sino encontrar la energía para dar el primer paso.
Gracias Luis por escribir esto con tanta humildad.